Fatíga crónica
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Fatíga crónica

Fatíga crónica

Antes de comenzar a tratar de qué manera la dietética y la nutrición pueden beneficiar a aquellas personas afectadas de Síndrome de Fatiga Crónica, intentaremos entender este síndrome.

Cuando hablamos sobre el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), en inglés Chronic Fatigue Syndrome (CFS), hacemos referencia a una afección sistémica caracterizada por una fatiga persistente e invalidante ante pequeños esfuerzos, que no mejora con el reposo. Además va acompañada de dolor musculoesquelético difuso y trastornos del sueño. Esta enfermedad también es conocida como Encefalomielitis miálgica (en inglés Myalgic Encephalomyelitis), Síndrome de astenia crónica o Síndrome de Fatiga Post-viral.

Actualmente la enfermedad de SFC se incluye dentro del grupo de síndromes de sensitivización central junto con la Sensibilidad química múltiple (SQM) y la Fibromialgia (FM), entre otras, ya que se ha constatado que la SQM puede ir asociada a la FM y al SFC, lo que ha sugerido que estas tres afecciones podrían estar relacionadas con procesos de sensibilización central. No obstante, se debe aclarar que SFC, SQM y FM son entidades clínicas diferentes pese a que comparten parte de sus manifestaciones clínicas, es decir, que tienen signos y síntomas en común, y que, además, en ocasiones pueden coincidir en una misma persona. Esta situación de coexistencia o solapamiento de enfermedades en una misma persona se denomina comorbilidad. Igualmente, no hay que olvidar que la FM ha sido definida como entidad propia y con unos criterios diagnósticos específicos, pese a ser una enfermedad similar al SFC.

Con todo ello se entiende que una persona puede padecer de SFC como enfermedad principal con la presencia añadida de SQM. De hecho, aproximadamente en el 70% de los casos la SQM es una manifestación más del SFC, entendida como enfermedad principal. A su vez, del 50% al 70% de aquellas personas diagnosticadas de FM, cumplen con los criterios de diagnóstico de SFC y viceversa.

 

Causas y síntomas de la fatiga crónica

 

Primeramente hay que remarcar que se desconocen las causas tanto del SFC como de la SQM y de la FM. Por este motivo se refiere a estos tres procesos como “síndrome” y no enfermedad, ya que, estrictamente, se habla de enfermedad cuando se conoce la causa de la misma. Pese a que el SFC no es de aparición reciente sino que probablemente haya existido siempre sin ser reconocida, o bien bajo distintas denominaciones, como enfermedad es de reciente identificación y la investigación médica existente no es suficiente.

Por este motivo, a día de hoy se afirma que el SFC es una enfermedad de origen y patogenia aún desconocidos que presenta una etiología multifactorial.

Hipótesis I
En cualquier caso, conocer el significado del término sensitivización central, antes mencionado, puede ayudar a aproximarnos a las posibles causas (etiología), así como a los mecanismos de actuación de estas causas sobre el organismo para producir la enfermedad (patogenia), del SFC y de las patologías asociadas.

Sensitivización central describe una hipótesis patogénica que buscaría dar una explicación a la superposición de síndromes, es decir, a la situación comorbilidad de SFC, SQM y FM. Con esta hipótesis se defiende que estas tres situaciones clínicas tienen una patogenia común. De hecho, la frecuente asociación de la SQM con la SFC y la FM obliga a pensar que hay puntos etiológicos y fisiopatológicos comunes. En relación a la etiología, se ha identificado el desarrollo de SFC tras la exposición a diversos productos tóxicos como disolventes, monóxido de carbono, ciguatera e insecticidas. En este sentido, se ha descrito la potencial implicación de los insecticidas como factor desencadenante tanto de SFC como de SQM. Así, se ha observado que productos químicos como biocidas (plaguicidas), hidrocarburos, irritantes y compuestos orgánicos volátiles (síndrome del edificio enfermo (SEE)) se encuentran con gran frecuencia implicados como factores inductores o desencadenantes de SFC y SQM.

A nivel fisiopatológico, el punto común se localizaría en el sistema nervioso central (SNC), afectando al sistema límbico, lo que daría lugar a una sensibilización neurobiológica. Con esta hipótesis patogénica se haría referencia a procesos de sensibilización central que cursan con incremento y prolongación de la excitabilidad neuronal del SNC mediante mecanismos neuroquímicos comunes y de alteración de neurotransmisores. Todo ello comportaría una disminución del umbral de alerta para la sensación de fatiga (SFC), la percepción olfativa (SQM) y la percepción de dolor. Es decir, la alteración de las estructuras de percepción (sistema límbico y corteza cerebral) sería la base patogénica de la alteración que provocaría una respuesta excesiva ante un estímulo sensorial de cualquier tipo (hipersensibilidad) como consecuencia de un incremento de la sensibilidad o respuesta biológica del organismo ante la exposición a un agente externo (sensitivización).

De este modo, a través del concepto sensitivización central se estaría intentando dar respuesta al fenómeno comorbilidad de SFC, SQM y FM junto con otras enfermedades relacionadas con la sensibilidad.

Hipótesis II
Se han señalado que los agentes infecciosos como causa del SFC dado que se observa en pacientes infecciones que preceden al inicio del SFC. Tal es así que en más de la mitad de los casos el factor desencadenante es una infección viral.

Por tanto, se asocia el inicio de la enfermedad con una infección vírica desencadenante. Intentando explicar el por qué de los síntomas en el SFC se establece como base una disfunción inmunobioquímica que causa este proceso. De este modo, se llega a acordar que la etiología o factor desencadenante de la enfermedad es variado, aunque en el inicio del SFC predomina la presencia de infección vírica. De acuerdo con lo expuesto, se ha sugerido una relación entre la susceptibilidad psicológica individual, el estrés y ciertas enfermedades orgánicas a través de un posible deterioro de la inmunidad que, por tanto, causa una sensibilidad aumentada a las infecciones. También se afirma que ciertos factores fisiológicos y psicológicos predisponen y mantienen los síntomas.

Para intentar comprender las causas del SFC, también se estudian los mecanismos de producción de fatiga. No obstante, los conocimientos actuales sobre dichos mecanismos son escasos.

 

A quién afecta (epidemiología)

 

La prevalencia se estima entre 0,2 y 0,5% de la población general, aunque también se ha calculado una prevalencia poblacional del 1%. Con estos datos, se proyectaría una afectación de SFC de entre 20.000 a 35.000 personas en Catalunya y de 200.000 en España.

El SFC se presenta habitualmente en personas de edades comprendidas entre los 20 y 40 años, existiendo un predominio de entre 3 y 6 veces superior en el sexo femenino que en el masculino.

 

Características clínicas

 

Las principales manifestaciones clínicas del SFC, presentes entre el 70-100% de las personas afectadas, refieren a fatiga, alteración de la concentración, cefalea, faringitis, adenopatías (cervicales o axilares) y dolor muscular (mialgia) y articular (poliartralgia) sin signos inflamatorios. El síntoma de fatiga es persistente e invalidante ante pequeños esfuerzos, no mejora con el reposo y empeora por sobreesfuerzos mínimos, lo que ocasiona un grado importante de incapacidad para las actividades de la vida cotidiana. Son manifestaciones dolorosas del SFC la migraña o la cefalalgia tensional, el dolor temporomandibular y las parestesias distales. Además, son habituales los trastornos del ritmo del sueño, lo que produce que éste no sea reparador. También existe sintomatología de sequedad de mucosas bucal, conjuntival y genital. Algunas de las personas afectadas desarrollan sensibilidad a algunos alimentos, a la exposición a productos químicos volátiles o de contacto, intolerancia a radiaciones electromagnéticas o a cambios térmicos. En la siguiente tabla se pueden observar las principales manifestaciones clínicas del SFC:

 

PRINCIPALES MANIFESTACIONES CLÍNICAS DEL SFC

 

Porcentaje (%) de personas afectadas

Fatiga

100

Alteración de la concentración

90

Cefalea

90

Faringitis

85

Adenopatías

80

Dolor muscular

80

Dolor articular

75

Febrícula / Distermia

70

Alteración del estado de ánimo

65

Insomnio

65

Síndrome seco

60

Alergias / Sensibilidad

40

 

Diagnóstico

 

El SFC es una entidad clínica bien definida donde debe existir una fatiga prolongada de causa no explicada y para su diagnóstico debe cumplir con unos criterios clínicos específicos consensuados internacionalmente por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta (Estados Unidos de América). Estos criterios se conocen como Criterios diagnósticos del SFC de Fukuda (1994). Para el diagnóstico de SFC deben excluirse otras causas reactivas de fatiga como estrés o sofreesfuerzo, ya que la fatiga en SFC no es reactiva a estas situaciones, u otras enfermedades orgánicas y psiquiátricas inductoras de fatiga crónica como anemia o hipotiroidismo. También debe haber una coexistencia de signos o síntomas (criterios asociados) basados fundamentalmente en sintomatología muscular y neuropsicológica. El diagnóstico en SFC es clínico al no existir ningún marcador analítico o morfológico específico. Como no todas las personas afectadas de SFC tienen el mismo grado de afectación, el SFC se puede clasificar de grado I a IV.

Las personas que presentan fatiga crónica no explicada, pero que no reúnen los criterios de SFC, entrarían en la situación de fatiga crónica idiopática9.

A continuación se muestran los criterios diagnósticos para la definición del SFC:

 

Criterios diagnósticos del SFC

1. Fatiga crónica persistente (6 meses mínimo) o intermitente.
Es inexplicada, que se presenta de nuevo o con inicio definido y que no es resultado de esfuerzos recientes; no mejora claramente con el descanso; ocasiona una reducción considerable de los niveles previos de actividad cotidiana del paciente.
2. Exclusión de otras enfermedades potencialmente causantes de fatiga crónica.
De forma concurrente, deben estar presentes 4 o más signos o síntomas de los que se relacionan, todos ellos persistentes durante 6 meses o más y posteriores a la presentación de la fatiga:

1. Trastornos de concentración o memoria recientes.

2. Odinofagia (deglución dolorosa).

3. Adenopatías cervicales o axilares dolorosas.

4. Mialgias.

5. Poliartralgias sin signos inflamatorios.

6. Cefalea de inicio reciente o de características diferentes de la habitual..

7. Sueño no reparador.

8. Malestar postesfuerzo de duración superior a 24 h.

 

Tratamiento la fatiga crónica

 

Actualmente no se dispone de un tratamiento curativo para el SFC. Sin embargo, sí es posible mejorar la intensidad de los síntomas y la calidad de vida de la persona mediante tratamiento sintomático. El tratamiento debe ser interdisciplinario e incluye ejercicio físico gradual, técnicas de educación de la enfermedad, apoyo psicológico mediante terapia cognitivo-conductual (TCC) y tratamiento sintomático farmacológico.

Respecto al tratamiento dietético-nutricional (dietoterapia) del SFC, por una parte se indica la necesidad de asegurar un balance dietético y nutricional adecuado. Ello incluye la realización de una dieta equilibrada con un horario de comidas regular e hidratación abundante, evitar dietas hiperenergéticas, incrementar el consumo de ácidos grasos esenciales omega-3 y evitar el alcohol. Se añade, también, que puede ser útil la suplementación de las vitaminas A, C y E; minerales como el magnesio y las coenzimas Q-10 y dinucleótido de nicotinamida y adenina (NADH). También se establecen algunas pautas para el tratamiento sintomatológico ante comorbilidad para el síndrome seco y de colon irritable, donde se recomienda beber 1,5L de agua/día y mantener un hábito dietético equilibrado e hidratación correcta, respectivamente.

Por otra parte, a la hora de abordar el tratamiento dietético-nutricional en SFC, hay que tener en cuenta la SQM, para la que tampoco hay tratamiento específico y puede coexistir con el SFC como comorbilidad asociada. El correcto control de la alimentación es básico para la estabilización de la sintomatología. En SQM es necesario valorar las manifestaciones clínicas digestivas derivadas de la sensibilidad ambiental procedente de la alimentación, las cuales se engloban en el proceso denominado sensibilidad alimentaria, también llamada sensibilización digestiva, el cual no debe confundirse con el de alergia e intolerancia alimentaria. No obstante, hay que resaltar que en la SQM las intolerancias alimentarias se intensifican. Por este motivo, evitando los alimentos peor tolerados, que en la población general suelen ser, por ejemplo, la lactosa o el gluten, los síntomas suelen mejorar.

Cabe destacar que todos los componentes propios o añadidos que se encuentran en los alimentos pueden inducir sensibilidad alimentaria, proceso en el cual se produce un rechazo en el organismo ante el alimento ingerido. Ante esta situación, entre otras cosas, se aconseja comer preferentemente alimentos frescos en lugar de comida procesada (preparada), limitando, así, el consumo de alimentos y bebidas que contengan aditivos como colorantes y conservantes, agentes sensibilizantes normalmente implicados en fenómenos de sensibilización química. Añadir que, respecto a los alimentos frescos, deben limpiarse bien las verduras y frutas para reducir la ingesta de insecticidas o herbicidas. Para evitar la exposición a estos productos sensibilizantes (aditivos) que se añaden a los alimentos también se recomienda el consumo de alimentos ecológicos.

Por todo ello, ante la SQM se recomiendan dietas hiposensibilizantes. Aún así, la tolerancia alimentaria es personal y no puede generalizarse, de modo que debe abordarse individualmente la situación nutricional de cada persona.

 

Conclusión

 

En términos de tratamiento dietético del SFC, como primer punto indispensable, se hace referencia a la necesidad de seguir una alimentación equilibrada. Esta es una pauta común y aplicable tanto en personas sanas como en otras situaciones patológicas. Seguidamente, se hacen menciones a los beneficios de una correcta suplementación nutricional que, en ningún caso, debe ser sustitutiva de una correcta alimentación, sino que debería, en todo caso, complementarla.

Se ha podido observar que las manifestaciones clínicas del SFC son diversas, pudiendo o no estar ligadas a otras enfermedades que se imbrican clínicamente con el SFC. También se han expuesto breves recomendaciones nutricionales respecto al síndrome seco y de colon irritable y sensibilidad alimentaria. Por este motivo, el objetivo de próximas entradas será profundizar en la dietoterapia ante sintomatología del SFC.