Mejora de la fertilidad
704
post-template-default,single,single-post,postid-704,single-format-standard,bridge-core-2.7.0,qode-page-transition-enabled,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-25.5,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive,elementor-default,elementor-kit-965
 

Mejora de la fertilidad

Mejora de la fertilidad

La influencia de la alimentación en la fertilidad

 

La fertilidad es la capacidad que tienen los seres vivos para reproducirse durante un “tiempo razonable”. Por tanto, la infertilidad es, siguiendo con la definición anterior, la pérdida de esta capacidad para reproducirse en el tiempo estimado como razonable y, en términos médicos, debe considerarse una enfermedad por carencia, ya que, las parejas que la padecen piden ayuda porque no pueden tener descendencia y esto les supone una pérdida de bienestar psíquico, uno de los pilares fundamentales en la definición de salud.

 

Infertilidad o subfertilidad

 

La infertilidad o esterilidad es, según la definición del diccionario de la real academia española, la incapacidad para fecundar en el hombre y para concebir en la mujer. Pero, aunque esta definición es cierta, en términos médicos se debe también incluir un factor esencial como el tiempo aunque, dependiendo de la fuente este tiempo varía entre 1 y 2 años manteniendo relaciones normales sin usar métodos anticonceptivos.

Es necesario incluir también el término subfertilidad o fertilidad reducida, que es mucho más común, y lo pueden padecer uno o ambos miembros de la pareja. Este problema puede ser de fácil solución si el otro miembro presenta una correcta fertilidad.

 

Datos de infertilidad en España

 

La prevalencia de infertilidad o esterilidad es muy difícil de establecer debido a que, por un lado, no existe un consenso claro en el tiempo necesarios para definir cuales son las parejas que deben denominarse infértiles y, por otro lado, no todas las personas con problemas de fecundidad consultan a un médico.

Aunque los datos de prevalencia de infertilidad no son muy precisos pero, se estima que existe un 15% de parejas que sufren problemas de infertilidad. Dentro de este porcentaje, aproximadamente un 40% de las parejas estériles lo son por causa femenina, otro 40% por causa masculina, un 10% por causa mixta y, otro 10% por causa desconocida. Por ello, es importante que estos problemas sean tratados en pareja ya que, la causa puede venir a raíz de cualquiera de los dos miembros y, siempre se necesitará la ayuda y apoyo del otro para poder solucionarlos.

Las causas de la infertilidad pueden ser múltiples y debidas, como hemos dicho anteriormente, al hombre, a la mujer o a ambos. Las causas se pueden resumir en:

Causa masculina
Se puede dar por problemas en el sistema hormonal, por problemas en alguna de las partes del sistema reproductor masculino, o, por problemas en la calidad del esperma.

Causa femenina
Se puede dar por problemas en el sistema hormonal o en los ovarios que causará problemas en la formación de los óvulo o, por problemas en algunos de los órganos del sistema reproductor femenino (trompas de falopio, cérvix o útero)

Edad
La sociedad actual ha cambiado mucho respecto a hace unos años y por diversos factores se ha ido retrasando la edad de maternidad. Según los datos del instituto nacional de estadística la edad media de embarazo se sitúa aproximadamente en los 31 años, cuando el pico de fertilidad de las mujeres se encuentra alrededor de los 20.

Se debe saber que, según estudios realizados en poblaciones en las que no se utilizan anticonceptivos, la capacidad reproductiva de las mujeres disminuye a partir de los 30 pero es significativo a partir de los 35 años siendo más evidente todavía a partir de los 40. En el caso de los hombre, la edad no es tan notable aun que si que tienen una reducción significativa de la capacidad de tener hijos a partir de los 40.

Por tanto, es recomendable que tengas en cuenta que la edad puede afectar a tu capacidad reproductiva. Si ya estás en esa edad, y quieres tener un hijo, debes favorecer al máximo tus posibilidades teniendo en cuenta esos factores que tu puedes modificar y de los que se hablará más adelante.

Factores psicológicos
Se tiene la hipótesis de que el estrés crónico por alteración de los niveles hormonales que puede producir, puede derivar en una ovulación irregular o en una baja calidad espermática.

Aunque la relación sea aún motivo de discusión es importante, ante el deseo de quedarse embarazada y si se ha de llevar a cabo algún tratamiento, tener en cuenta el estado psicológico de los miembros de la pareja ya que, también se ha planteado la hipótesis de que se obtienen mejores resultados en los tratamientos si existe un apoyo psicológico durante el mismo y, en la mayoría de los casos, los miembros de la pareja se verán afectados psicológicamente por la angustia que les produce no poder lograr su objetivo de ser padres.

Factores ambientales
Los factores de vida ambientales también afectan a la posibilidad de poder tener hijos. Entre estos factores hay que tener en cuenta:

  • El tabaco: tiene un conocido efecto nocivo en nuestro organismo a nivel pulmonar pero este efecto no se queda aquí si no que afecta a otros sistemas como el sistema reproductor influyendo tanto en la fertilidad masculina como femenina. Por tanto, si estás pensando en quedarte embarazada es mejor que dejes de fumar.
  • El alcohol: el consumo excesivo de alcohol puede dificultar la formación de óvulos y favorecer una peor calidad espermática en los hombre con lo que, ambos miembros de la pareja deberían reducir su consumo para favorecer el embarazo.
  • El peso y la alimentación: el peso de los dos miembros de la pareja, ya sea en exceso o en defecto, afecta de manera negativa a la posibilidad de tener hijos. Por su parte, se debe llevar a cabo una correcta alimentación para favorecer que todos los procesos se den de manera adecuada en nuestro organismo pero, según algunos estudios, ciertos nutrientes podrían ayudar a favorecer la fertilidad tanto masculina como femenina.

 

La fertilidad, una cuestion de peso

 

El peso del hombre y su fertilidad
La relación existente entre el peso se explica principalmente por la relación entre la grasa corporal y las hormonas encargadas de realizar una correcta creación de esperma, aun que no es la única causa.

  • El bajo peso: aunque la relación entre bajo peso y fertilidad masculina no es uno de los temas más estudiados, se debe tener en cuenta puesto que algunos estudios demuestran que un peso insuficiente en el hombre puede provocar un descenso en el recuento y actividad espermática.
  • El sobrepeso u obesidad: estas dos situaciones son cada vez mas comunes en nuestra sociedad por lo que, se deben tener en cuenta a la hora de concebir. La relación entre sobrepeso, o sobre todo la obesidad, y la fertilidad se basa principalmente en una alteración hormonal que puede crear un retardo de la maduración sexual en la pubertad, problemas en la generación de espermatozoides y, por lo tanto en la calidad del semen y, un aumento de la posibilidad de padecer disfunción eréctil.

 

El peso de la mujer y su fertilidad
Igual que en el caso anterior, la relación entre el peso y la fertilidad femenina se explica principalmente por la relación entre el porcentaje de grasa y la producción de ciertas hormonas esenciales para una correcta ovulación.

  • El bajo peso: la relación entre bajo peso y fertilidad ha sido más estudiadas en mujeres que en hombres, seguramente porque hay ciertas consecuencias visibles como la pérdida de la regla, que ya pueden hacernos ver que la influencia que ejerce un bajo peso en el sistema reproductor. Según los estudios un déficit de peso puede retrasar la maduración sexual en la pubertad y cuando la menstruación ya está instaurada puede producir una ovulación irregular o incluso interrumpirla. También puede afectar mantener un correcto revestimiento uterino (lugar donde anida y se desarrolla el óvulo fecundado) lo que genera una disminución en las probabilidades de quedarse embarazada.
  • El sobrepeso u obesidad: la obesidad o el sobrepeso pueden crear problemas durante el embarazo (preeclamsia, diabetes gestacional, parto por cesárea, etc.) pero, además, también pueden influenciar la fertilidad de una mujer.

 

Se cree que el exceso de peso genera un ciclo hormonal anormal que provoca una alteración de la ovulación. Según algunos estudios realizados a mujeres durante un tratamiento de fertilidad, las mujeres dentro de un peso moderado tenían una tasa de fecundidad del 60% mayor que las que padecían obesidad.

 

La alimentación para la fertilidad

 

Una dieta equilibrada es esencial para el correcto funcionamiento de cualquier sistema de nuestro organismo y, el sistema reproductor no es una excepción. Aunque no existan importantes estudios en los que se refuerce esta afirmación, es conocido por la comunidad sanitaria que las carencias o excesos de energía o de determinados nutrientes tiene una repercusión negativa sobre nuestro organismo. Por este motivo, además de la recomendación de lograr un peso adecuado para evitar los problemas anteriormente citados, se recomendará llevar a cabo una dieta equilibrada por ambos miembros de la pareja. Además, si que hay estudios que señalan la importancia de determinados nutrientes que influyen sobre la fertilidad masculina y femenina.

La alimentación en el hombre
Los nutrientes que pueden ayudar en la mejora de la fertilidad masculina son:

  • Los ácidos grasos posiinsaturados (AGPI) y el DHA: los AGPI, si son aportados en un correcto equilibrio, tiene importantes efectos beneficiosos a nivel cardiovascular y son imprescindibles para el buen funcionamientos de nuestro organismo. El ácido omega-3, en especial, el docosahexanoico (dha), se ha encontrado también en grandes cantidades dentro de las células de sertoli, encargadas de la espermatogénesis. Los especialistas creen que este componente, situado en la cola del esperma, podría proporcionar la elasticidad necesaria para su movimiento normal. Las fuentes dietéticas de los ácidos omega-3 son el aceite de pescado (contiene tanto dha como epa, otro derivado de la familia omega-3), ciertos aceites vegetales (aceite de soja, aceite de lino, etc.) o frutos secos como las nueces. Si lo queremos dar a través de suplementación, el dha suele provenir de aceite de pescado o algas y no se recomienda superar la dosis de 3g diarios ya que puede dar lugar a hemorragias.
  • El ácido fólico: según los estudios realizados este nutriente influye, en el caso del hombre, sobre el número y la movilidad espermática. También se sugiere que, como el ácido fólico es imprescindible para una correcta división celular, su déficit esta relacionado con alteraciones en el adn del espermatozoide que pueden ser causa de defectos congénitos en el futuro bebé. Por todo esto, sería recomendable mantener las dosis necesarias de ácido fólico para evitar carencias (200 μg./día). Si se quiere aportar a través de la alimentación, su principal fuente entre los alimentos son las verduras de hoja verde, las legumbres y los frutos secos.
  • Los antioxidantes: la oxidación de nuestro organismo se produce de manera fisiológica en todos nosotros, y afecta entre otros al sistema reproductor masculino, pero ésta se puede ver acelerada en determinados ambientes en los que el hombre se ve expuesto a pesticidas, insecticidas y metales pesados (plomo, mercurio, etc.) o, por el hábito tabáquico o el ejercicio excesivo. Este efecto, y sus consecuencias, se pueden ver contrarrestados en parte mediante una alimentación equilibrada con un alto contenido de nutrientes antioxidantes.

– Vitamina C: es un nutriente con un alto poder antioxidante. Sus recomendaciones pueden aumentar en caso de fumadores o deportistas. La mayor fuente alimentaria son las frutas y verduras, sobre todo crudas, ya que es destruida con el calor.
– Vitamina E: esta vitamina con efecto antioxidante esta ampliamente distribuida den la naturaleza, sus principales fuentes son los aceites vegetales (en especial el aceite de oliva) o los frutos secos oleaginosos.
– Vitamina A y los β-carotenos: a parte de su función protectora de las células del aparato reproductor masculino ante el proceso de envejecimiento, favorece la producción de progesterona, hormona que interviene en las funciones del sistema reproductor masculino. El aporte a través de la alimentación puede realizarse a través de la vitamina A preformada (retinol) o de β-carotenos. La vitamina A se encuentra mayoritariamente en la grasa de origen animal como las que contienen las carnes grasas o lácteos enteros por eso, su aporte es más recomendable a través de β-carotenos que se encuentran frecuentemente en vegetales y frutas con un color anaranjado o rojizo (zanahoria, tomate, calabaza, albaricoque, melón, etc.).
– Selenio: también este antioxidante es fundamental para la fertilidad del hombre ya que se cree que influye en la calidad y motilidad de los espermatozoides. Su principal fuente son los cereales integrales, los pescados y los mariscos y, en menor grado, frutas y hortalizas, en las cuales, su contenido varia dependiendo de la concentración de los suelos en que se cultivan.
– Zinc: aparte de su poder antioxidante, el zinc esta implicado en el desarrollo de los órganos sexuales. También se relaciona con la cantidad y movilidad del esperma y con la cantidad de testosterona (hormona masculina) en el organismo.

  • La posible carencia de zinc, por tanto, deberá ser controlada teniendo en cuenta que las fuentes alimentarias a través de las cuales se puede obtener son los mariscos, la carne magra, los pescados, los huevos y las legumbres.

 

La alimentación en la mujer

 

En esta sección se tratarán tanto los nutrientes que pueden ayudar en la mejora de la fertilidad femenina como aquellos esenciales para la preparación del embarazo. Estos son:

  • El ácido fólico: es una vitamina del grupo B aconsejada en las embarazadas para evitar problemas neuronales en el futuro bebe. Pero además, si hacemos referencia a la fertilidad, se relaciona con el riesgo de aborto espontáneo en algunos estudios. Por tanto, por estos dos motivos, se recomendará una dieta que cubra las necesidades de este nutriente a todas las mujeres que quieran quedarse embarazadas. La ingesta recomendada de este nutriente para mujeres adultas de aproximadamente 200 μg/día que, desde el primer día de embarazo deben ser aumentadas a unos 400 μg/día, una dosis muy difícil de alcanzar únicamente mediante la alimentación. Como no es imposible determinar el día exacto en el que va a comenzar el embarazo y, debido a esta imposibilidad de llegar a la dosis requerida únicamente mediante alimentación, este nutriente suele ser suplementado por el ginecólogo si la mujer está intentando quedarse embarazada. Pese a esto, a través de la alimentación también se puede ayudar mediante levadura de cerveza, verdura de hoja verde (acelgas, espinacas…), legumbres, frutos secos, cereales de desayuno enriquecidos, etc.
  • Vitamina A y los β-carotenos: esta vitamina, y sus precursores, los β-carotenos; son imprescindible para el correcto mantenimiento de las diversas mucosas del organismo, entre ellas, la mucosa uterina, donde debe implantarse el óvulo fecundado. Por otro lado, también interfiere sobre el ciclo menstrual, en el desarrollo de la placenta y en otros aspectos de la reproducción femenina. Por tanto, hemos de asegurar cubrir las necesidades de esta vitamina que, como se ha comentado antes se puede hacer a través de una alimentación rica en frutas y hortalizas de color rojizo o anaranjado.
  • Vitamina E: también denominada en algunos casos vitamina de la fertilidad puesto que, se ha relacionado su déficit con la incapacidad para la reproducción en distintas especies animales. Aunque en humanos no existen estudios suficientes al respecto, se cree que la relación entre vitamina E y el sistema reproductor se debe a que la vitamina E tiene un alto poder antioxidante que protege los tejidos de los radicales libres y toxinas ambientales. Por tanto, para que no existan carencias de esta vitamina tendremos que asegurar unas dosis adecuadas a través de sus principales fuentes que, como ya se dijo anteriormente son, los aceites vegetales (en especial el aceite de oliva) o los frutos secos oleaginosos
  • Hierro: es muy importante empezar un embarazo con unas concentraciones séricas de hierro óptimas ya que, durante el embarazo las demandas del mismo se van a ver incrementadas. Existe una tendencia natural hacia a la anemia en el embarazo que se puede contrarrestar en mayor medida si empezamos con un buen aporte del mismo. Por otro lado, algún estudio relaciona la ingesta de suplementos de hierro con un menor riesgo de infertilidad ovulatoria pero se requieren más estudios para afirmar o descartar esta asociación. Sea por una o por otra causa, en la dieta de la mujer que desea quedarse embarazada, vamos a controlar que sus aportes de hierro sean los necesarios para que no haya problemas en la concepción o durante el embarazo. Los alimentos que lo pueden aportar son las carnes, pescados, las legumbres, los frutos secos, el huevo o verduras como las espinacas, los espárragos o las judías.
  • Zinc: el zinc influye en la ovulación y fertilización y, durante el embarazo, una deficiencia de zinc puede provocar diversas anomalías como aborto espontáneo, malformaciones, retraso en el crecimiento o prematuridad. Por otro lado, como antioxidante, puede ayudar al retraso del envejecimiento celular y folicular que aumentará las posibilidades de embarazo.

 

Por tanto hemos de tener en cuenta que se pueden hacer carencias de zinc con dietas monótonas basadas en alimentos refinados pero, se puede aportar la dosis necesaria a través de fuentes alimentarias citadas anteriormente.

La infertilidad, cosa de dos.

 

Se debe tener en cuenta que los problemas a la hora de tener un hijo, ya vengan por parte del hombre, de la mujer o de ambos; se deben tratar en pareja. Ambos miembros de la pareja tienen un papel fundamental y pueden mejorar sus posibilidades de concebir yendo al médico pero también cambiando algunos aspectos de su vida diaria.
Un dietista-nutricionista puede ayudarte a mejorar tu alimentación y a conseguir un peso correcto, factor clave para mejorar la fertilidad y tus posibilidades de concebir.